Fragmentos

•24 Marzo, 2007 • Dejar un comentario

Lunes 8 de Enero, 2007

Solo fragmentos quedan de la máscara que por tanto tiempo mostré al mundo. Esa máscara de insensibilidad, desapego e indiferencia. Aun no logro asimilar que diablos pasó, pero sospecho que los golpes contra el antifaz fueron constantes durante aquel maravilloso 6 de enero, pero sólo los sentí cuando cerré tras de mi la puerta con el sonido de su automóvil alejándose de mi, fue en ese momento, creo, que comenzó la situación que me tiene en un estado que jamás había experimentado anteriormente y que me dejo sin protección, indefenso y con una necesidad imperiosa de una respuesta, un desprecio, una sonrisa, algo que me permita ordenar mi mente para poder evitar las amargura que siento al imaginar lo que puede ser pero que no será.

Qué es esta sensación, este mal (bendito mal) que me mantiene a un tris de las lagrimas (las primeras lágrimas derramadas para alguien que no lleva mi sangre)?

Estropeado

•24 Marzo, 2007 • Dejar un comentario

7 Enero 2007

Su dinamismo, inteligencia y belleza (¡por Dios, y tanta!) me golpeó como nada en mi vida lo hizo jamás, y es que aun estoy estropeado, embobado, aturdido por la sola experiencia de oirla y verla, por el placer de saber que lo por mi soñado puede ya existir fuera de mi mente y paradogicamente la profunda tristeza de saber que el sueño jamar estará completo, tanta pena que en éstos momentos debo luchar contra mis ojos y este nudo en la garganta (y ya he sido vencido por ellos esta mañana al despertar con su nombre impreso en mi mente), debo ocultar, en este miserable microbus, que quizas su veredicto pronunciado mientras sostenia mi mano derecha entre las suyas (Dios, mis ojos) fue sumamente acertado y entos momentos precisamente estoy viviendo una crisis, causada por ella misma.

No hay motivo para estas lineas, probablemente nuncas las lea, y si lo hiciera probablemente solo engendrarian compasion, pero no es compasion lo que deso, muchos años la compasion ha dejado solo amargos recuerdos, no, no deseo repetir la experiencia. Estoy seguro de pronto perder la lucha con mis ojos, porque lo que en este momento todo mi ser (cuerpo y mente, especialmente esta ultima) desea es, completamente, inalcanzable.

Del egoísmo

•24 Marzo, 2007 • Dejar un comentario

Existen personas que gustan de ayudar a los demás por lo que probablemente lo hagan cuando la oportunidad se les presente, ellos son los solidarios. Asi vemos estudiantes que se desvelan para regalar un tazón de leche caliente a algun anciano desvalido que duerme las frías noches de Santiago en los alrededores de la Vega Central. Otras personas gozan al sentirse superiores y en cada oportunidad tratan de demostrarlo con sus pertenencias, actos o dichos. Otras personas disfrutan al acumular dinero o especies materiales y dedican su vida a enriquecerse. ¿Qué tienen en común todas estas actitudes? Me atrevo a decir que lo que las iguala es que estan movidas por el egoismo. El egoísmo mas puro es, quizás, lo que motiva todos nuestros actos, aquel egoismo que sitúa todos los parametros en función de un solo objetivo: la satisfacción personal, pues si el medico que viaja a Africa a hacer caridad de verdad no sintiera que sus acciones ayudan a alguien y lo más importante, si no le importara el bienestar de los niños desnutridos africanos, podemos estar seguros que este medico no iria al continente negro a ayudar, en cambio dedicaria su tiempo (vida) a la actividad que mas beneficio personal le reporte. ¿Cuanta gente dona un par de billetes a la teletón durante las “48 horas de amor” bajo un falso desprendimiento, pero inconscientemente no será el deseo de sentirse triunfadores, solidarios y en definitiva buenas personas lo que las incentiva a donar? ¿Es necesario entonces que en cualquier acto de caridad quien ayuda reciba algo a cambio que haga “valer la pena” dicho acto? En mi opinión personal, sí. Porque si Alberto Hurtado no sintiera ese bienestar creando el hogar de cristo y en cambio le interesara mas bien el dinero, quizas no escucharíamos de el Padre Alberto Hurtado, sino que de don Alberto Hurtado, prestigioso abogado. Y es que si de verad Piñera quisiera ver un Chile mas justo (que es lo que predican todos y cada uno de los políticos) invertiria un cero de su fortuna en proyectos orientados a ese fin.

Se nos enseña de pequeños el cuento de O.Wilde, “El gigante egoista” mirando la parte bonita del mismo, la solidaridad, los beneficios de compartir, pero no se nos enseña a mirar que las acciones de los niños y el gigante estuvieron siempre motivadas por el interes del beneficio personal.

Situaciones similares las experimentamos a diario: “Coopere con bomberos, nosotros nunca le diremos que no”. Por supuesto, si algun dia necesito de ellos mas me vale que cuenten con los recursos para ayudarme, por eso deberia cooperar con ellos (porque nunca me diran que no).

Si lo que planteo fuese cierto ¿Existe la solidaridad como el concepto que utilizamos a diario?

PD. despues de escribir esto, siento una gran satisfacion.

El pago

•24 Marzo, 2007 • Dejar un comentario

Inauguro este blog (uno más) con un pequeño cuento inspirado por mi padre. A veces pienso (como cuando lo escribía) que las líneas siguientes pueden transformarse en una cruda realidad.

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El Pago.

La hoja del cuchillo, mil veces afilado, brilló pálida describiendo un arco de muerte hasta que penetró sin un ruido en el hombro de aquel que pronto iba a morir. Un grito. Uno de muchos. Uno por cada estocada mortal que destruía la piel en ángulos caprichosos y provocaba que la sangre fluyera como un manantial inverosímil formando un charco alrededor de la silueta del moribundo. Las imágenes en ese espejo de muerte llevaron mi memoria a través de lo que había sido ese día fatal, desde la preparación de los cuchillos hasta la tensa espera de aquella tarde.

Lo sentí llegar incluso antes de oír el castañeo característico de las bicicletas, la desmontó dificultosamente y con paso inseguro se dirigió hasta la puerta del jardín triste donde uno de mis gatos lo esperaba ansioso, lo acarició, esperé hasta que estuviera cerca de la entrada principal y entonces, repitiendo el ritual diario, abrí la puerta para que entrara a la casa a oscuras.

-Hola papá
-Hola – me respondió

Entonces la hoja del cuchillo, mil veces afilado, brilló pálida describiendo un arco de muerte hasta que penetró sin un ruido en el hombro de aquél que acababa morir.