Todo
Lunes 15 de enero, 2007
Una semana mas un día desde la afortunada (o desdichada) ocasión que me recordó (o me enseñó?) lo que es el amor (amor?). Poco más de una semana y aun mi mente y corazón no parecen poder dedicar su atención mas que a ella, la niña mala, sekmet la diosa leona, Daniela, justicia de Dios. ¿Que veo en ella? ¿Que terrible hermosura es la que ha logrado sacudirme como si me hubiese convertido en una simple brizna de hierba a merced del mas poderoso viento de los Anemoi? De seguro no es su belleza física, porque a pesar que a mis ojos esta mujer es hermosísima, quiero pensar que el amor por lo físico es pasión y no amor (muy distinto de amar con pasión). ¿Es su inteligencia, su intelecto, su sabiduría? No, por sí solo. ¿Es su simpatía? Lo dudo, gente simpática hay por todos lados y la verdad la simpatía me importa poco. Creo firmemente que este sentimiento en mi interior y que no parece disminuir mucho con el paso inclemente del tiempo es gatillado por el recuerdo de su inigualable hermosura, su adorable simpetía, su impactante sabiduría y su sutil inteligencia. Es todo su ser lo que me cautivo en las pocas horas que pude observarla y escucharla a voluntad. Es todo su ser lo que me tiene aprisionado en este estado de triste alegre ensueño, incertidumbre y esperanza. Niña mala, siento en estos momentos que las breves horas que compartimos han cambiado mi existencia, removieron mis cimientos, y me recordaron el sabor de vivir.
14/01/07, Providencia.

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