El pago
Inauguro este blog (uno más) con un pequeño cuento inspirado por mi padre. A veces pienso (como cuando lo escribía) que las líneas siguientes pueden transformarse en una cruda realidad.
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El Pago.
La hoja del cuchillo, mil veces afilado, brilló pálida describiendo un arco de muerte hasta que penetró sin un ruido en el hombro de aquel que pronto iba a morir. Un grito. Uno de muchos. Uno por cada estocada mortal que destruía la piel en ángulos caprichosos y provocaba que la sangre fluyera como un manantial inverosímil formando un charco alrededor de la silueta del moribundo. Las imágenes en ese espejo de muerte llevaron mi memoria a través de lo que había sido ese día fatal, desde la preparación de los cuchillos hasta la tensa espera de aquella tarde.
Lo sentí llegar incluso antes de oír el castañeo característico de las bicicletas, la desmontó dificultosamente y con paso inseguro se dirigió hasta la puerta del jardín triste donde uno de mis gatos lo esperaba ansioso, lo acarició, esperé hasta que estuviera cerca de la entrada principal y entonces, repitiendo el ritual diario, abrí la puerta para que entrara a la casa a oscuras.
-Hola papá
-Hola – me respondió
Entonces la hoja del cuchillo, mil veces afilado, brilló pálida describiendo un arco de muerte hasta que penetró sin un ruido en el hombro de aquél que acababa morir.

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